.:: El laberinto secreto entre rocas

El Alto Curueño guarda en su interior secretos que sorprenderán a quien los encuentre. Se trata de siete tesoros escondidos entre sus montañas que han visto la luz gracias al empeño de unos pocos. Se conocen como las ‘siete rosas’ y son cuevas y simas vírgenes que se pueden visitar y que aún se mantienen tal y como se descubrieron: Tibigracias, El Fondillo, El Arenal, Las Lendreras, Los Dos Hermanos, Coribos y Simas de Vegarada. De su estudio con profundidad y puesta en valor para el turismo de naturaleza se ha encargado Ángel Fierro del Valle en su libro Cuevas y Simas del Alto Curueño. Paraíso Secreto, que constituye una auténtica guía para explorar estas maravillas que esconde la naturaleza en un paraje sorprendente.

Un libro editado gracias al empeño del Ayuntamiento de Valdelugueros y el Grupo de Acción Montaña de Riaño. Un empeño al que aún le falta el empuje de las administraciones para convertir estas cuevas en un lugar atractivo para los visitantes.

Aun no están en los mapas y los que las han descubierto y recorrido aseguran que nada tienen que envidiar a las más famosas. Por eso, y para impulsar la llegada de visitantes en la zona, Valdelugueros propone una visita a las cuevas del Alto Curueño. De momento son siete aunque hay muchas más inventariadas por el Grupo Espeleológico de Matallana (GEM), cifra que podría alcanzar las 200. Estas cavidades constituyen uno de los tesoros del patrimonio de la comarca, dónde el sonido mágico del agua subterránea serpentea en la oscuridad.

Para su visita hay que tener en cuenta algunos requisitos: respeto máximo a la naturaleza y no tocar nada, no se recomienda el acceso en solitario y por eso lo mejor es hacerlo con personal especializado, avanzar despacio e ir equipado con ropa adecuada.

En medio de numerosos ‘dos miles’, hasta un total de quince, de puertos, de colladas y las aguas del Curueño resurgen las cavidades que el tiempo ha erosionado en las rocas del municipio de Valdelugueros, enclavado en plena Cordillera Cantábrica.

Las características del terreno, la orografía de la zona y la red fluvial ha ido tejiendo una red de cuevas a lo largo de los siglos. La roca caliza es la predominante en esta zona y es muy propensa a la erosión. Si la lluvia alcanza determinada acidez, por el anhídrido carbónico, el carbonato de calcio se transforma en bicarbonato, lo que ataca la caliza, tanto en superficie como en el interior. En la superficie modela el relieve, afila agujas, abre grietas y excava paredes verticales. Prueba de ello son las Hoces de Valdeteja. En el interior de un macizo cárstico se forman galerías y depresiones cerradas que, cuando se fracturan producen simas. Por eso, las cavidades subterráneas son lo más característico del relieve carstico y se dividen en cuevas o galerías horizontales y simas, que son las cavidades verticales.

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