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trepador azul
Chovas
Los matorrales ofrecen refugio en el terreno abierto de la alta montaña. Los pardillos anidan entre la maleza, formando en invierno bandos que se desplazan a zonas mas bajas para sobrevivir. El escribano montesino, con sus características franjas oscuras en la cabeza, suele anidar en el suelo, al igual que la tarabilla norteña, que busca abrigo entre las aulagas.
Escribano montesino

En las zonas mas altas vive una nutrida comunidad faunistica, aunque apenas se perciba la presencia de aves.

Las Chovas, gregarias y escandalosas, acompañaran al caminante durante buena parte del recorrido, tanto las piquirrojas, mas querenciosas en sus requerimientos, como las piquigualdas.

Poco visibles durante el día, las ratillas y los topillos dejaran evidencias de su presencia en forma de surcos o galerias en el pastizal o de pequeños montones de tierra, las mureras. Son presa común de cernícalos, ratoneros, zorros y sobre todo de armiños y comadrejas, que penetran en sus galerías para darles caza.

Especialmente vistosa resulta durante el verano la comunidad de insectos, destacando las numerosas mariposas que frecuentan las flores de los pastizales, permitiendo su polinización

 

En lo mas profundo del bosque, el trepador azul recorre ágilmente el tronco del haya. La competencia por el espacio y el alimento es dura y cada especie ha buscado recursos concretos que explotar. El carbonero o el herrerillo, frecuentaran las ramas, proclamando su presencia con su canto.

En el robledal, el Arrendajo dejara ver sus tonos metalizados. El pito real, verde inconfundible, saldrá volando entre la espesura a la menor señal de peligro.